Escribir a mano con boli y papel

Croquetas de… Escribir a mano

Es curioso que esté escribiendo esto tecleando en el ordenador, pero hoy quiero lanzar un alegato a favor de escribir a mano porque creo que menospreciamos la fuerza desgarradora que tiene hacerlo. Sí, escribir con un bolígrafo sobre un papel, ¿te acuerdas?

 

Y te pregunto si te acuerdas porque desgraciadamente ya no estamos habituados a hacerlo tan asiduamente como antes. Yo me resisto a dejar de hacerlo, como ya te he comentado, y siempre que puedo cojo papel y boli, y escribo a mano.

 

Escribo o garabateo, dependiendo del momento, pero el mero hecho de tener un boli en la mano y un papel delante, es de por sí para mí un poderoso acto creativo.

 

De hecho, en mi mesa de trabajo, además del ordenador y los discos duros, lo que me acompaña en mis días de trabajo es el papel. Un cuaderno de espiral, liso y sencillo en el borde derecho de la mesa y un boli junto a él, preparados para ser usados en cualquier momento. También un bloc de notas, un taco de post-its y este año vuelve a mi vera, tras unos años de ausencia, una sencilla agenda de papel.

 

Escribir a mano: la solución perfecta ante un bloqueo creativo

Es curioso pero siempre que me encuentro bloqueada mientras escribo algo, lo que sea, en un acto reflejo automatizado, cojo el boli y lo toqueteo mientras pienso en cuál será mi siguiente palabra, frase, idea o argumento. O si estoy editando fotos: qué más ajustar en una imagen, qué orden dar a una serie de fotografías, o sencillamente elegir una sola foto entre varias, son decisiones que suelo tomar con un boli en la mano.

 

Cuando el bloqueo es aún mayor, aparto el teclado de mi ordenador y comienzo a escribir.

 

En algunas ocasiones son divagaciones intranscendentes sin ton ni son. Otras listados o esquemas, palabras o frases sueltas. Otras veces son textos impolutos que luego transcribo al ordenador. Otras una simple palabra o frase a la que hago un montón de adornos alrededor… Pero sin importar el formato que tenga, lo cierto es que mientras lo hago, y casi de manera automática, la madeja de mi mente va desenredándose, y las ideas empiezan a brotar mentalmente.

 

No es tampoco que resuelva el tema automáticamente, tampoco es algo milagroso, y por supuesto que aún queda mucho trabajo por delante, pero esa sensación inicial desaparece dando paso a un espontáneo desbloqueo.

 

¡No es precisamente esto un paso transcendente en cualquier proceso creativo!

 

Quiero creer que no es mera casualidad, sino que el poder del hilo conductor entre tu mente y las órdenes que el cerebro transmite a tu mano para ir delineando las letras, es mucho más poderoso que el apretar una simple tecla. Y seguramente esté relacionado con el hecho de que al escribir a mano, haces uso de más sentidos a la vez. El tacto, el olfato (el olor a tinta o papel), la vista e incluso el oído… ¿a quién no le gusta escuchar el roce de la punta de un boli o de un lápiz con el papel?

 

Seguro que hay estudios científicos que hablan del poder de escribir a mano (aunque no me apetece ponerme a buscarlo ahora, lo apuntaré en mi cuaderno para otro día 😉 )

 

Además, enfrentarme a una hoja en blanco física y tangente me resulta menos abrumador que enfrentarme a un documento en blanco en la pantalla del ordenador. No sé por qué es, e imagino que quizá no sea así para todo el mundo, pero realmente a mí me funciona muy bien, y creo que nunca podré renunciar a ello.

 

Cuando por ejemplo hago una entrevista, no puedo evitarlo, siempre llevo libreta en mano y escribo lo que el entrevistado cuenta. Puede que también tenga una grabadora presidiendo la charla, pero es más por sentirme tranquila de no perder nada de lo que dice, que de por el uso posterior que le doy a ese archivo de audio. En la mayoría de ocasiones, cuando transcribo la entrevista o redacto el texto final de la misma, son mis anotaciones a mano las que realmente me sirven para dar forma a ese texto. Paso entonces las páginas de la libreta para delante y para atrás. Leo, releo y elijo las respuestas dadas por la persona entrevistada. Es posterior a eso cuando recurro al audio, si lo necesito. Y es entonces cuando todas esas anotaciones, ilegibles en la mayoría de casos por terceras personas, encuentran una vida legible por terceros en forma de Times, Helvética o la fuente de letra que corresponda.

 

Tecnología, aplicaciones y teclados vs. boli y papel

La tecnología está consiguiendo que nuestra vida cada vez esté más ligada a una pantalla y al teclado. Aplicaciones para todo tipo de usos, y muchas de ellas (piensa en blocs de notas, agendas, planificadores, post-its digitales…) nacidas directamente para emular e incluso sustituir a sus símiles analógicos, o mejor dicho, a sus símiles físicos y tangibles.

 

Pero qué queréis que os diga, sinceramente y por muy lograda que esté la experiencia de usuario, creo que nunca podrán sustituir todo lo que evoca tocar físicamente un boli y ponerte a escribir en un papel en blanco. Al menos para mí. Y sí, es cierto que la tecnología y sus usos son útiles y también hago uso de ellos, pero desde mi punto de vista, a la hora de escribir, no son más que sucedáneos prácticos del papel y el boli.

 

¡Y necesarios, no hay duda! ¡Está claro que no podría estar escribiendo este blog a mano!

 

Pero considero que el secreto está en complementar ambas técnicas, no en sustituir una por otra. En hacer uso de la esencia de ambas en paralelo y de manera complementaria. Porque de lo que no tengo ninguna duda es de que escribir a mano con boli y papel es tan poderoso, que siempre será insustituible.

 

Como ves, es indudable que nunca desaparecerá de la esquina derecha de mi mesa de trabajo un cuaderno de espiral, liso y sencillo y el boli junto a él. Ambos listos para ser usados en cualquier momento.

 

Y de la tuya, ¿tampoco desaparecerá? ¿O hace ya tiempo que no escribes a mano?

 

 

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