Croquetas de… Objetos, recuerdos y su luz

Hay objetos que siempre están vinculados a recuerdos. Y esos recuerdos te llevan de la mano a personas. En un viaje mágico. En un vínculo entrañable.

 

Son esos objetos cotidianos que, cada vez que los veo, me transportan. Me arrastran a un pasado ahora lejano, pero que sigue siendo tan mío, que no importa el tiempo que pase, siempre está aquí. Aquí y ahora. Me acompaña, me arropa. Y con frecuencia, me guía. Y en ese pasado, esas personas son como faros. Luz. Clara y pura luz.

 

Esta paleta para servir tartas es uno de estos objetos. Cada vez que la veo, de manera inconsciente, me vienen a la mente multitud de recuerdos de infancia, y de incontables celebraciones familiares. Y en su mango, ahora desgastado, veo la mano de María, mi abuela. Una de las personas que más ha marcado mi vida.

 

Vuelo en mi mente años atrás. Estoy sentada en una de las sillas rojas. Rodeando la mesa grande de la cocina, con su hule de cuadros rojos. Sobre la mesa, están las tartas caseras, hechas con dulzura horas antes. De chocolate con galletas y algo de coco rallado. Y de manzana con mermelada. Sobre ellas ya están colocadas las velas, desiguales y algunas diminutas, pero que aún perduran tras muchos soplidos. A su vera, la paleta de servir, un cuchillo y una torre de platos duralex, con las cucharillas encima. También el termo con café, y el azucarero orejero.

 

El hogareño barullo de conversaciones entremezcladas, envuelve la casa. Niños que juegan, adultos que hablan. Todos disfrutan. Y presidiendo ese dulce alboroto de familia numerosa, siempre ella. Orgullosa de los suyos. Dulce y afable. De inteligencia innata y de humildad ilustrada. María. Ella y su luz. Su luz y ella.

 

Se prende la cerilla que enciende las velas. Y la atmósfera se llena de su aroma. Cantamos con desentono, mientras se cruzan miradas y sonrisas que hablan. Un leve soplido, apaga las llamas. Y llegan los regalos, envueltos en papeles con mil y una historias. Siempre un tinte de pelo y un par de medias. También otras cosas. Siempre demasiadas según ella. Arruga visiblemente los labios, antes de refunfuñar por el gasto innecesario. Hoy celebramos su cumpleaños.

 

A pesar de su ya larga ausencia, sembró tanto, que ella y su luz estarán conmigo para siempre.

 

Y como me ocurre con muchos objetos cada vez que los tengo delante, ella y su luz están justo aquí. Aquí y ahora. A mi lado.

 

 

 

 

 

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2 comentarios

  • Se me encoge el corazón al leer, porque todo ha vuelto como era. Gracias por recordarlo, casi mejor que una fotografía.

    • Elena Prieto Landaluce 29 octubre, 2017   Respuesta →

      Esos imborrables recuerdos de comidas, sobremesas y tardes de domingo… Aunque he de reconocer que poder hacerle una foto hoy mismo a la abuela para ilustrar este texto, sería sencillamente maravilloso… Besotes

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